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¿Pasará algo?

Por: José Raúl Mulino Q. / Exministro de Estado -

Desde la incoherente salida de la Procuradora en los medios denunciando desmantelamiento de “sus fiscalías”, surge la interrogante respecto a si pasará algo. Personalmente creo que no, por ahora.

La situación plantea esa conocida situación respecto de quién vigila al vigilante. Juristas han salido a presentar denuncias. Se anuncian otras más producto de los dislates que genera cada vez que sale en los medios y en los que viola la ley sin ambages, pero sin vigilante.

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¿Quién es el vigilante? El Procurador de la Administración, Rigoberto González, que emerge en el cargo casi de manera comprometida con lo que fue la estructura en la que participó en el Ministerio Público. Sí creo que tiene la capacidad para investigar, pero dudo que lo haga como demanda la coyuntura. Pero eso es lo que hay y como he dicho muchas veces, a los hombres se les conoce no por ser sino cuando les toca el momento de ser. Veremos.

La situación es preocupante porque a lo largo del quinquenio pasado, vimos la más burda justicia selectiva dentro de lo que fue el afán de perseguir solo lo que fue la Administración Martinelli, violando en muchos casos las más elementales garantías complaciendo a una gradería mediática y de pseudo voceros de una sociedad civil jamás legitimada en cuanto a sus roles y menos respecto del putativo mandato inquisidor.

Ahora se plantean las barbaridades cometidas, sin embargo, esa gradería que cité arriba se dedica a proteger el status quo, es decir, seguir apadrinando la atrocidad jurídica porque exigir respeto a la ley puede interpretarse como un “apoyo” al quinquenio 09-14. Absurdo, pero es lo que hay.

Varela manejó a su antojo la estructura de investigación y la Procuradora era su cabeza visible. Sus delitos y las confesiones de su garulilla fueron desestimados con subterfugios ridículos para simplemente no investigar. Allí está Varela y lo dicho sobre 40 millones de Blue Apple, las confesiones de Duboy, Rosas, éste último todavía escudándose en el secreto profesional para ocultar las dineros de Odebrecht que manejó vía su firma de abogados, como se ha sabido. Y faltan más, desde la procuraduría paralela pasando por la taquilla y los premios a los disque testigos protegidos, entre otras bellezas del gobierno de los “decentes”.

Se agudiza el tranque del sistema jurídico-político, pero se insiste en debatir reformas a la Constitución que nada tocan sobre estos temas. El tiempo pronto va a señalar camino.

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